El superestrés de Supermán

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De la serie: La verdadera historia de los superhéroes
de la fotógrafa Dulce Pinzón

“Eso que me cuentas es como lo que le pasa a Supermán, ¿no?” Le digo a mis pacientes adolescentes, y algunos no tan adolescentes, después de escuchar sus angustias, quejas o malestares por tantos cambios en sus vidas.

Recuerdo, por ejemplo, a un niño que además de estar entrando a la adolescencia estaba adaptándose a los efectos secundarios del medicamento para controlar las crisis epilépticas que su cerebro y cuerpo sufrían sin dicho medicamento. El antiepiléptico causa un hablar lento, como adormecido, pero a cambio, las crisis se esfuman. A este niño recuerdo que le puse de ejemplo a Spiderman, el Hombre Araña, porque la película estaba de moda en ese entonces.

Normalmente me miran extrañados de que alguien se atreva a compararlos con Supermán, Spiderman o el superhéroe en turno, y preguntan, “¿cómo?”

“Sí. Ningún superhéroe nace superhéroe o superespecial. Algunos se convierten en superhéroes y otros descubren que son superhéroes o superespeciales. Un día se levantan y se dan cuenta que tienen una capacidad diferente, y créeme, al principio no es nada placentero.”

“Imagina el día que Supermán, en ese entonces todavía Superboy, o quizás solo un pequeño Clark Kent como en la serie de televisión Smallville, empieza a escuchar más ruido del que normalmente escucha. Además de la conversación de sus padres durante la cena, escucha la respiración de los animales en el granero, las pláticas de otras familias cenando en Smallville, los pájaros trinando al atardecer, en fin, imagínate todo lo que un superoído puede escuchar.”

“Cuando imagino eso”, le digo al adolescente, e insisto, a veces a los no tan adolescentes, “pienso en cómo debe hacer el joven Clark Kent para concentrarse y estudiar para su examen de matemáticas. ¡Aún si se va a la biblioteca va a escuchar todas las conversaciones fuera de la biblioteca!”

“Clark Kent, como todos los superhéroes en algún momento de sus vidas, aprenden a adaptarse a su nuevo físico, su nueva fuerza, sentidos, y cualquier capacidad que cambia.”

Tengo un particular gusto por esos momentos en que los superhéroes están aprendiendo a lidiar con su nuevo cuerpo, nueva fuerza, nuevas capacidades, porque es el momento en que podemos verlos más humanos, con sus angustias y ansiedades, con su estrés, sus preocupaciones, su necesidad de ser aceptados, sus depresiones.

Y claro cualquier adolescente me compra esta idea… por unos segundos, porque luego algunos reclaman que no necesariamente tienen más capacidad para hacer algo, como Supermán o Spiderman, sino que tienen menos capacidad para hacer algo.


Y entonces les cuento la historia de Emma, que leí en el maravilloso libro “The brain that changes itself” del médico Norman Doidge.

Emma fue diagnosticada con retinitis pigmentosa cuando tenía veintitrés años, lo que provocó la muerte de las células retinales en sus ojos. Fue perdiendo la vista hasta que a los treinta y cinco años perdió totalmente la capacidad de ver.

Fue entonces cuando Emma pasó por ese momento, ese periodo en la vida de todo superhéroe, en que hay que aprender que la perdida de una capacidad trae consigo el surgimiento de una nueva.

Para cuando se dio cuenta, cinco años después, Emma era la lectora de novelas más rápida de la ciudad. Tal vez incluso del estado donde vivía. Se convirtió en una superlectora capaz de leer 340 palabras por minuto. Para darnos una idea, quien lea este texto lo debe hacer a unas 100 palabras por minuto en promedio. Esto significa que Emma tuvo un incremento de su capacidad lectora de más del 300%.

La superlectora utiliza un aparato especial pero que se está haciendo muy común con el uso de las computadoras. Este aparato lee en voz alta cualquier texto digitalizado. A diferencia de un audiolibro, la voz es monótona, sin mayor entonación, y solo hace pausas con los signos de puntuación. Al principio, Emma lo usaba a una velocidad muy baja y le molestaba el tipo de voz y la falta de entonación. Pero una vez que se empezó a acostumbrar, reconoció las ventajas de este sistema frente al de un audiolibro leído por la voz de un locutor o celebridad: ella podía regular la velocidad a voluntad. La monotonía de la voz pasó a segundo plano, y es muy similar cuando uno empieza a leer una novela y la tipografía, el tipo de papel, o alguna otra característica de la edición nos disgusta. Al principio nos fijamos mucho en eso, pero conforme la historia avanza todo eso pasa a segundo o tercer término.

Emma, ahora con ceguera, lee muchas más novelas que las que leía cuando tenía su vista. Ha leído todo Dostoyevsky, todo Tolstoi, todo Stendhal, en fin, todo lo que nos gustaría leer a quienes amamos la literatura.

Lo que pasó en el cerebro de Emma es que su corteza visual, todo ese conjunto de neuronas dedicadas a procesar lo que vemos, se quedó sin hacer nada. Y en lugar de desperdiciar esos recursos, la mente se reacomodó y usó ese espacio para procesar más información proveniente del oído. Es decir, ella escucha lo mismo que nosotros, pero es capaz de entenderlo mucho más rápido.

Siempre que hay una pérdida de capacidad en el cerebro o el cuerpo viene un periodo de adaptación que tan solo antecede el surgimiento de nuevas capacidades. El cambio de capacidades puede ser cualitativo, es decir, una función por otra, o cuantitativo, una función que se mejora, no importa. Y todo cambio trae desventajas y ventajas, como ya sabemos. Y por supuesto, hay personas con discapacidades o capacidades diferentes, muy adversas, especialmente para el modo de vida actual, urbano, altamente exigente de productividad, con poco tiempo y paciencia.

Es en este momento de la historia en que los adolescentes, si bien sorprendidos, me miran con escepticismo. A veces es más fácil creer en Súper Hombres y Hombres Araña, que en la súper capacidad de nuestro cerebro y mente. Lo cierto es que les encanta sentirse superespeciales, sentir que están viviendo una aventura como las que ven en los cómics, libros, televisión o películas. Y créanme, el simple hecho de ver la vida que vivimos desde un ángulo diferente, puede ser suficiente para vivir un supercambio y aceptar que todos somos superespeciales.

El autor, Adolfo Ramírez Corona es psicoterapeuta, escritor, filósofo y especialista en medios. Puedes encontrar más artículos de él o información sobre sus servicios y el poder transformador de la mente en su sitio adolforamirez.com