Meditación guiada: Los 4 elementos

Esta es una meditación un poco más avanzada, es decir, se recomienda primero hacer la meditación de seguimiento de respiración. También es recomendable escuchar el podcast anterior que sirve de introducción a esta meditación.

La meditación de los cuatro elementos es una meditación dentro de la tradición budista pero de gran actualidad para hacer un ejercicio de atención llevado al cuerpo y sus sensaciones para con ello apreciar la impermanencia, desapegarse un poco, y en general, vivir una experiencia enriquecedora.

Por supuesto, se recomienda escucharla en un lugar tranquilos, sin molestias, de preferencia sentados y con los ojos cerrados.

Los cuatro elementos

Esta es sólo la introducción al podcast que sigue: una meditación guiada de los cuatro elementos.

La razón de ello es el poder hacer una explicación un poco más detallada de en qué consiste esta meditación budista, y dejar propiamente le meditación guiada en un podcast aparte, como lo hacemos con otras meditaciones.

Así que este podcast introductorio lo puedes escuchar una sola vez y la meditación guiada las veces que quieras.

¿Meditación o meditadores?

Esta vez les comparto una breve reflexión que forma parte del webinar “Cómo encontrar tu propia meditación” y del curso en línea “Meditar, cómo hacerlo tú mismo”. Para más información, ya lo saben, adolforamirez.com y suscribirse a la newsletter.

Hay muchas técnicas o modos de meditar.

Cada cultura, civilización ha desarrollado sus propios métodos.

Cada religión o disciplina espiritual tiene los propios.

Meditar es un acto tan personal, que sería absurdo que existiera un método universal, un método para todas y cada una de las personas.

Meditación Guiada: Seguimiento de la Respiración (anapanasati)

Esta es la meditación más básica y esencial, aunque no por ello la más sencilla.

Es una meditación guiada, para escucharse en un lugar tranquilos, sin molestias, de preferencia sentados y con los ojos cerrados.

Además de la versión en audio/podcast, está una en video.

En esta versión de video, se acompaña una pequeña animación, un doodling, para aquellos que lo prefieren. No tiene un objetivo especial, es solo para acompañar la meditación.

Muchas personas escuchan meditaciones en Youtube, por eso lo incluímos.

¡Disfruta y comparte!

 

Cómo sobrevivir al Titanic

Dedicado para Lorenzo Alejandro López Barbosa que gusta de esta metáfora tanto como yo

By Unknownhttps://students.umf.maine.edu/~hartwenr/webquest/teacherpage/titanic%20in%20dock.jpg, Public Domain, Link

La historia del Titanic es simple: el trasatlántico más grande hasta esa fecha zarpa en su viaje inaugural; a medio camino colisiona con un iceberg; fatalmente, el barco se hunde. Una historia en tres actos.

Sobre esa simple historia hemos hecho una gran serie de variaciones en libros, reportajes, documentales, películas… Su simpleza lo permite.

Pero hay algo en esa simpleza que nos aburre. La vida a veces es simple, pero nos la complicamos. ¿Por qué gustamos tanto de convertir nuestras historias en conflicto y confrontación?

La primera y más elemental variación a la historia del Titanic es que se agrega el factor de presunción y ostentación en el primer acto: es un barco inhundible. Lo cual transforma la historia en un cuento moral.

La variación más reciente la conocemos todos de manos de James Cameron por la famosa película Titanic.

A esta historia, que rescata la variación moral de la presunción y ostentación, se sobreponen o entrelazan otras, la más clara siendo la historia romántica y de sobrevivencia por parte de los dos protagonistas principales, Rose y Jack.

Algunas variaciones han preferido convertir en antagonista a la naturaleza, al iceberg, un poco siguiendo a Herman Melville y su Moby Dick. Pero Cameron prefirió agregar a un ser humano como el villano de la historia, a saber, el prometido acaudalado de Rose.

Toda esa lucha por el amor y la sobrevivencia requiere agregar a los tres actos originales un acto más, después del primero, llamado desarrollo. Esto ayuda a que se genere una mayor expectativa en la resolución final del tercero y cuarto actos.

A los occidentales nos gusta el conflicto, la confrontación, el antagonismo e incluso la violencia en las narrativas que nos cuentan y contamos.

Pero no toda narrativa tiene que tener conflicto, mucho menos violencia.

Veamos primero la estructura clásica que gobierna nuestra narrativa.

La estructura en tres actos consiste en exposición o planteamiento, confrontación o nudo, y resolución o descenlace. Esto es:

  1. el barco más grande del mundo zarpa,
  2. colisiona con un iceberg,
  3. se hunde.

También puede separarse en cuatro actos agregando uno entre el primero y el segundo denominado desarrollo. En la trama principal de la película Titanic:

  1. el barco más grande del mundo zarpa, entre los pasajeros, un par de jóvenes de mundos opuestos;
  2. los jóvenes se enamoran y luchan por su amor;
  3. el barco colisiona con un iceberg, la pareja busca sobrevivir y seguir luchando por su amor;
  4. el barco se hunde, ellos se amarán por siempre, más allá de la muerte.

Los occidentales modernos estamos muy acostumbrados a repetir la estructura de los tres o cuatro actos, la del conflicto y confrontación, en nuestras vidas y nuestra cultura. No tiene porque ser así.

Veamos otras estructuras narrativas.

La estructura oriental de kishōtenketsu, por ejemplo, consiste en cuatro partes, similar a la estructura de cuatro actos: introducción, desarrollo, giro, conclusión.

Todos los actos o partes, excepto el tercero, se pueden considerar muy similares. Lo que contrasta es que en lugar de la confrontación o nudo, los orientales tienen el giro, también llamado tema secundario o subtema, lo inesperado, el cambio.

El siguiente cuento es de Ítalo Calvino:

«Entre sus muchas virtudes, Chuang Tzu tenía la de ser diestro en el dibujo. El rey le pidió que dibujara un cangrejo. Chuang Tzu respondió que necesitaba cinco años y una casa con doce servidores. Pasaron cinco años y el dibujo aún no estaba empezado. “Necesito otros cinco años”, dijo Chuang Tzu. El rey se los concedió. Transcurridos los diez años, Chuang Tzu tomó el pincel y en un instante, con un solo gesto, dibujó un cangrejo, el cangrejo más perfecto que jamás se hubiera visto.»

El giro es tan claro como bello. El desarrollo crea expectativa, pero no se resuelve con conflicto o confrontación. Se resuelve contrastando con otro tema, con una situación o imagen que nos sorprende, en este caso la rapidez y brevedad del artista frente al tiempo de espera o incubación.

Lo he dicho antes: a los occidentales nos gusta el conflicto, la confrontación, el antagonismo e incluso la violencia en las narrativas que nos cuentan y contamos, pero mucho más importante, en las narrativas, historias y cuentos que nos contamos a nosotros mismos, que construimos de nuestros recuerdos, y que al final del día, repetimos en nuestra mente para convencernos de que esas historias son lo que nos hace ser como somos.

“Me dijo, me hizo, le respondí, le hice…”
“Desde mi infancia he sido así, mis padres me lo inculcaron, no puedo cambiar, así soy yo, esto soy yo…”

Estas son frases que forman parte del guión de nuestra propia película o historia. ¿Cómo es la estructura narrativa que las forma? ¿Está encaminada al conflicto, la confrontación? ¿Existen icebergs o villanos a los cuales echarles la culpa de no poder llegar al cuarto acto, de resolver el nudo?

Quizás ya te diste cuenta que a veces esas historias nuestras están simple y sencillamente llenas de giros, cambios, sorpresas, cosas inesperadas, sin violencia, sin confrontación, y que en un instante, con un solo gesto, puedes dibujar el desenlace más perfecto que jamás se haya visto.

Referencias

Kishōtenketsu – Wikipedia

The significance of plot without conflict

Lezioni americane. Sei proposte per il prossimo millennio, Ítalo Calvino.

El trauma del karma

En 1955, en una isla de Hawaii, se eligieron 698 infantes para realizar un seguimiento de sus vidas durante cuatro décadas. El objetivo, estudiar cómo los factores de riesgo —por ejemplo, pobreza, hogar inestable, madre o padre con algún padecimiento mental, alcoholismo o drogadicción, o simplemente ausentes por razones de trabajo— llevaban a esos niños a conductas destructivas al llegar a la adolescencia, tales como delincuencia, embarazos no deseados, adicciones, o inestabilidad en estudios o trabajo.

Cuarenta años después, la sorpresa para la doctora Emmy H. Werner y su equipo, fue que una tercera parte de los infantes, a pesar de haber estado expuestos a los factores de mas alto de riesgo, llegaron a ser adultos competentes, seguros y cuidadosos, libres de conductas destructivas.

Y entonces, ¿qué pasó con el trauma que sufrió este tercio durante su infancia? ¿Qué pasó con su karma?

Aquí hay dragones

Todos conocemos la amnesia infantil. Ni los niños ni los adultos recuerdan sus primeros meses y años de vida.

Claro que el cerebro tiene almacenadas cosas que pasaron durante ese periodo, como la voz de la madre, las tonadas musicales para dormir, ciertos olores, sabores…

Pero los recuerdos como tal provienen de la llamada memoria episódica, es decir, de la capacidad de contar y recontar una historia, por mínima que sea.

¿Por qué olvidamos entonces esos primeros meses de vida? O dicho de otro modo, ¿qué nos hace poder recordar lo que pasa después de esos meses?

El que con lobos anda

Como seres humanos reconocemos nuestro lado, nuestra parte, más animal, instintiva, en los animales que nos rodean. A veces, ya solo en el recuerdo de esos animales con los que nuestros ancestros solían convivir en naturaleza. Para el hombre y mujer modernos, hablar de lobos, leones, elefantes, osos, cebras… es hablar de animales que hemos conocido primariamente en libros, tal vez zoológicos y documentales en televisión.

Y mientras más aumenta la distancia entre los animales y nosotros, mientras nuestro conocimiento de ellos viene de un documental en televisión, de verlos en cautiverio, o en las fotografías de una revista, y no de la experiencia directa, más nos estamos formando una imagen errónea de lo que es el espíritu animal.

El extraterrestre

sleeping-380918_1280A veces los problemas parecen insolucionables y están en el límite de lo tolerable. Los problemas vienen en muy diferentes presentaciones y tamaños, algunos son muy inmediatos para ser resueltos, otros requieren tiempo. Los hay en diferentes ámbitos, familiar, laboral, personal, escolar, social… Los hay tan abstractos como definir matemáticamente el infinito o tan concretos como quitarse un dolor de cabeza.

Uno de los problemas más graves por los que puede pasar cualquier persona es el hambre, el hambre inmediata, la que exige ser resuelta en el instante a riesgo de perder la vida.

Imagina un ser sin capacidad para moverse, ya no digas caminar sino sin poder desplazarse ni un metro. Imagina que tiene algún problema con el idioma por lo que no entiende lo que le dicen y tampoco puede hablar para darse a entender. Digamos que ni siquiera entiende bien a bien dónde encontrar comida o cómo preparársela. Sus manos difícilmente pueden sostener algo y su vista está cercana a la ceguera.

Y tiene hambre. Al grado de que su cuerpo le exige comida inmediatamente. Es su primera y única prioridad. De eso depende su vida. Si pasa más el tiempo, morirá.

Por muy grandes que sean nuestros problemas, pocas veces si no es que casi nunca, tenemos que resolver algo tan grande. No hay deuda, rompimiento amoroso, tarea escolar, conflicto con el jefe, ni la mayoría de las enfermedades, que se comparen con tener que salvarse la vida del hambre.

Sin embargo, este individuo, que parece proveniente de alguna estrella lejana y arrogado al planeta Tierra, extranjero, casi extraterrestre, y sin mucho conocimiento de cómo funcionan las cosas por acá, trae consigo una inteligencia, un saber muy poderoso, capaz de resolver un problema tan grave. Viene como incrustado en su cuerpo, como parte de su hardware. Pero además, cuenta con programas o apps, si bien aparentemente muy sencillas, capaces de atender cosas verdaderamente importantes.

Y lo resuelve. Es un sobreviviente. Ante el problema del hambre que le presenta resistencia, llora, y un ser del que conoce muy poco pero le da una gran sensación de seguridad y protección, le da de comer. Este ser aprende muy rápido, gracias a ese saber con el que cuenta, que cierta forma de llanto le avisa a este ser protector que requiere comida y se la da.

Parte de sus capacidades consisten en poder generar en quien lo observa y escucha una suerte de trance, de fuerte hipnosis. La forma de su cuerpo, su rostro especialmente, sus mínimas expresiones generan oxitocina en quien le ve, provocando ternura, un extraño sentido de maternidad o paternidad y ganas de protegerlo, cuidarlo. Aún el más violento y agresivo de los seres humanos sucumbe y cuando se da cuenta hace todo lo posible por ayudarle.

Un bebé. Eso es este ser poderoso. Sí, un bebé, tan indefenso como parece, tan arrojado al mundo como si fuera un extraterrestre, ha logrado resolver una vez más un problema mucho más grande que la mayoría de los problemas que tenemos a diario.

Tú también fuiste un bebé. Un extraterrestre. Hoy eres un sobreviviente. Pero hace ya algunos años, recién llegado al planeta tierra, resolviste un problema de hambre aún sin poder hablar, entender, caminar o tomar algo con tus manos.

Ahora ya lo sabes y es el momento de confiar más en las capacidades de ese bebé que todavía llevas dentro. Seguro que algo se le ocurrirá. Con todo lo que ha aprendido desde entonces.